Contexto

Rumbo a la: “Agenda Social y Política para las y los Jóvenes 2011-2021 México”.

AJUV11-21

Las y los jóvenes en México.

Compartimos que la juventud atraviesa en la actualidad por un momento de crisis estructural del país.

 

  • Las y los jóvenes mexicanos experimentan con mayor fuerza las consecuencias de la actual crisis estructural; el 20% del rezago educativo de las y los jóvenes en el país, es clara muestra de ello (Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, 2010), así como el hecho de que para el periodo 2008- 2009 sólo uno de cada cuatro jóvenes en edad universitaria tiene un lugar en ese nivel educativo (2.8 millones de jóvenes están matriculados en universidades públicas y privadas, según la SEP, 2010).
  • Este escenario resulta más desalentador cuando se puede observar que de los 30 millones de personas entre 18 y 29 años de edad; la mitad se encuentran sin empleo (INEGI, 2009). De ellos y ellas, 71 por ciento laboran sin contrato, lo cual afecta derechos como a la seguridad social, a la salud, y qué decir del derecho a adquirir una vivienda digna. Sin empleo y sin recursos para superar la pobreza no encuentran en la educación una opción real para superar su situación y la posibilidad de encontrar una ocupación “decente” como la propone la OIT se aleja de este sector.
  • No obstante, según la Encuesta Nacional de Juventud, 2005, el 75 por ciento de los hogares mexicanos reciben apoyo por parte de las y los jóvenes, que finalmente se vuelve en contra de ellos porque no les permite ejercer adecuadamente su emancipación hacia la edad adulta y hacia la constitución de su plena ciudadanía.
  • En la coyuntura actual, con políticas que han desechado las perspectivas juvenil y de género, como es el caso de la llamada “Política de guerra contra el narcotráfico” instrumentada por el Gobierno Federal y encabezada por Felipe Calderón, se ha privilegiado el uso de la fuerza armada al mejoramiento de las zonas urbanas y rurales deprimidas y al desarrollo de los sectores empobrecidos del país, de tal manera que como en toda guerra y desde los dos bandos, los jóvenes encabezan la lista de los muertos. el 85% de las fallecidos relacionados con la delincuencia organizada (cinco de cada seis) corresponde a jóvenes de entre 18 y 32 años de edad; así como quienes cometen estas ejecuciones también son jóvenes que no rebasan los 30 años de edad. De igual forma, las fuerzas armadas, policías locales y federales cuentan en sus filas con un porcentaje de más del 80% de personas que no rebasan los 30 años de edad ¿este es el presente de las nuevas generaciones?, ¿ser carne de cañón es el centro de la agenda nacional?
  • La impunidad, la inseguridad pública y la corrupción son en sí mismas una agresión inaceptable contra las garantías fundamentales en el país; las y los jóvenes mexicanos han sufrido violaciones a sus derechos humanos de forma sistemática, ya que la percepción que tienen algunas autoridades se expresa en el lugar que ocupan las y los jóvenes en las políticas públicas, son ignorados o solo contemplados como problema, y por lo tanto hay que controlarlos y en su caso castigarlos. Las políticas de apertura de espacios para la participación y/o para el diálogo solo se abren para los que piensa afín; los programas para el apoyo de la creación cultural juvenil han desaparecido; las acciones de salud se reducen a lo general y más tradicional, se evaden los programas de reducción del daño y se aplican políticas de hace veinte años que nunca han funcionado.
  • En general, hay una gran estigmatización de las y los jóvenes, que se acentúa si proceden de sectores de escasos recursos o sin oportunidades, flojos, vagos y peligrosos, por lo tanto: posibles delincuentes. Nunca se le consulta, no se ve sus potencialidades, sus esfuerzos de sobrevivencia, sus luchas particulares y cotidianas, que son las que debían esta al centro de las agendas políticas, gubernamentales, públicas.
  • La experiencia que desde la sociedad ciudadana organizada tenemos es que todo este panorama no se percibe o se asume muy vagamente desde los actores políticos actuantes, tanto los partidos políticos, como las autoridades de los tres niveles de gobierno, los legisladores federales y locales, las jerarquías eclesiásticas y los mismos medios de comunicación, no tienen oídos para escuchar, ni ojos para mirar la heterogénea y cambiante realidad juvenil de nuestro país, finalmente la condición juvenil al ser necesariamente transitoria, hace que los mismos jóvenes en algún momento dejen sus demandas y expectativas por otras que su misma realidad les va exigiendo, por lo tanto, la continuidad, la coherencia y la experiencia en materia de acciones y programas de juventud no maduran ni se desarrollan, ni se amplían para ir acompañando a las nuevas generaciones y sus circunstancias.
  • Las campañas electorales enarbolan a las y los jóvenes como pretexto y después de les olvidan; cada legislatura federal y local propone leyes de juventud que nunca se cumplen; se diseñan programas gubernamentales que no pasan del escritorio (excepto los de seguridad pública); la dispersión y la fragmentación del trabajo de las organizaciones sociales nunca se articula y, los medios y las iglesias solo hablan de “la pérdida de valores, la anomia o el consumismo” que marca a las nuevas generaciones. Nunca se toman en cuenta el trabajo de muchos colectivos que en sus ámbitos locales transforman permanentemente su realidad; de los aportes culturales y organizativos que se hacen, de los procesos de reflexión y diálogo que desde lo grupal real y virtual se viene haciendo.
  • Por todo lo anterior, se hace necesario y urgente que construyamos una Agenda Juvenil que a nivel nacional y local, al corto y mediano plazo (del 2011 al 2021) y desde la sociedad organizada, se exija para que los otros actores económicos, políticos y sociales la incorporen en sus perspectivas y la asuman como compromiso a desarrollar en un esfuerzo de consenso, trabajo y reflexión.
  • Para lo cual estamos convocando a construir la AJUV11-21 con la participación y propuesta de los múltiples agentes de la sociedad civil en un proceso de diálogo permanente y trabajo colegiado.